El Mar de Jesús de Nazaret

8 agosto, 2018 – Espiritualidad digital

La sabiduría de la mujer cananea

La mujer cananea que hoy nos muestra el evangelio y aquel centurión llamado Cornelio que pedía a Jesús la curación de su hijo tienen dos cosas en común: ambos son extranjeros, y ambos están dotados de una especial sensibilidad para los bienes celestiales. Si Cornelio se reconoció indigno de recibir en su casa al Señor, y comprendió que bastaba una palabra suya para curar al enfermo, esta mujer se reconoce indigna de sentarse a la mesa de los hijos de Dios, y exclama:

También los perros comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

¡Qué sabiduría! Sin que nadie se lo explicara, supo que una migaja de los bienes celestiales vale infinitamente más que todos los bienes de la tierra juntos. Y, si «humillarse» significa, literalmente, postrarse en tierra, ella estuvo dispuesta a humillarse cuanto hiciera falta con tal de recibir esa migaja.

Aprende de ella. Porque, en ocasiones, cuando llegas cansado a la noche, omites el examen de conciencia y las últimas oraciones alegando que estás fatigado, y que no tiene demasiada importancia. Si conocieras el Don de Dios, estarías dispuesto a quedarte sin dormir con tal de recibir la gracia que esas oraciones te procuran.

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