El Mar de Jesús de Nazaret

6 agosto, 2018 – Espiritualidad digital

Descansos y tentaciones

Para un cristiano, la vida es travesía. Y, aunque el propio Cristo es el camino, no es camino fácil, porque asciende a lo alto del Calvario para alcanzar la puerta de la Cruz y entrar, a través de ella, en el reino de Dios. Nos da fuerzas el Amor que nos acompaña, pero atravesamos dolores, cansancios, enfermedades, tinieblas, persecución…

En su infinita bondad, también quiere el Señor darnos, de cuando en cuando, un descanso, un tramo del sendero en el que todo está en calma: los niños, bien; la salud, bien; los afectos, apaciguados… Lo necesitamos para seguir adelante.

No culpemos mucho a Pedro. Es comprensible que, en esos momentos de descanso, aparezca también la tentación:

Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

El bueno de Simón hubiera estado dispuesto a dormir en el suelo, con tal de quedarse en el Tabor.

Cuando bajaban del monte… Pero no puede ser, Simón. Aún no hemos llegado a casa; debemos seguir caminando.

Agradece los momentos de descanso que Dios te dé durante la vida. Disfrútalos dando gracias… pero no te apegues a ellos. Aún estamos de camino.

(0608)