El Mar de Jesús de Nazaret

4 agosto, 2018 – Espiritualidad digital

La peor humillación

Cuando Herodes oyó hablar de Jesús, temió a los fantasmas: pensó que era Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos. Herodes era un perfecto idiota, un frívolo de los que pueblan la telebasura y la prensa del corazón. Vendido al alcohol y a la lujuria, asesinó a Juan como quien deshuesa una aceituna. Como todos los idiotas, después fue acosado por los fantasmas en sueños.

¡Qué misterio de humillación! Porque, puestos a morir mártires, uno preferiría que lo asesinara alguien con clase. Morir como David Croquet en El Álamo, a manos del general Santa Ana y su espléndido ejército, no es ningún desdoro. Al revés, casi recibes más honor al morir del que acumulaste en vida.

Pero ¡morir a manos de un idiota borracho y rezongón!… Eso es como si te atropellara el camión de la basura. Puestos a morir atropellados, mejor por un Ferrari, digo yo.

Jesús también murió así. Caifás, Pilato y Herodes eran personajes mediocres, que jamás hubieran sido conocidos de no haber matado al Señor.

¡Misterioso designio de Dios! Cuando nos maten, no nos matarán los sabios ni los héroes. Nos matarán imbéciles. Así, con esa humillación, les ganaremos el cielo también a ellos.

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