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26 julio, 2018 – Espiritualidad digital

Días que deberían durar meses

Hoy es uno de esos días que deberían durar meses. ¡Qué niño no disfruta con la compañía de sus abuelos! Y la festividad de Joaquín y Ana, padres de la Virgen, nos convierte a todos en niños.

Las cosas han cambiado. En muchas familias, las interminables jornadas de trabajo de los padres han convertido en padres a los abuelos. Pero es un desorden. A los abuelos no les corresponde educar a los nietos, sino lo contrario. Los abuelos han sido puestos por Dios para malcriar a los nietos: para darles lo que sus padres les niegan, y dejarles hacer lo que sus padres les prohíben. Luego vendrán papá y mamá a poner las cosas en su sitio, y a regañar a la abuelita por dejar que el niño dé botes en la cama y darle caramelos con azúcar. Pero el buen rato que ha pasado el pequeño con los abuelos no se lo quita nadie.

Hoy quiero que me malcríen. Voy a pedir caramelos, voy a subirme a las camas, y voy a echarme en brazos de estos abuelitos míos que tanto me miman. Mañana ya habrá tiempo de volver al desierto. Pero hoy… Hay días que deberían durar meses.

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