El Mar de Jesús de Nazaret

25 julio, 2018 – Espiritualidad digital

La gloria de los hombres pequeños

Julio César, Carlos I, Felipe II, Napoleón Bonaparte… Todos ellos levantaron imperios, y apenas puedes moverte por Europa sin topar con sus huellas. Su recuerdo en la Historia es la culminación del esplendor que vieron en vida.

Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan, y los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor.

Ninguno de ellos ha movido, tras su muerte, tantas masas como Santiago. No son masas de turistas, sino multitudes de peregrinos. El Camino de Santiago ha sido uno de los ejes vertebradores de Europa.

Lo asombroso es que no hablamos de un «gran hombre», sino de un derrotado. Tras la resurrección del Señor, viajó a España, gustó las hieles del fracaso (endulzadas por la Virgen del Pilar con amor de madre), y, al regresar a Jerusalén, murió acuchillado.

¡Qué grande es la santidad! Para que nadie se desanime, el fracaso del santo es triunfo de Dios. Y el ultraje sufrido por el santo es gloria de su Señor y alimento de millones de almas. Está claro que no necesitamos triunfadores en la Iglesia; necesitamos almas enamoradas capaces de servir y dar la vida.

(2507)