El Mar de Jesús de Nazaret

23 julio, 2018 – Espiritualidad digital

Los que se dejan podar

La vida de un santo es, siempre, la historia de un alma dócil a Dios. Lo importante, en la biografía del santo, nunca es lo que ha hecho, sino el modo en que se ha dejado hacer por su Creador.

Mi Padre es el labrador. A todo (sarmiento) que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Cuando podas una vid, el sarmiento queda en carne viva, e incluso sangra. Pero, después, gracias a la poda, brota con mucha más fuerza.

Santa Brígida (S. XIV) perdió a su marido, con quien había tenido ocho hijos, en una peregrinación a Santiago. «Una desgracia», dirán muchos. Pero, para los santos, es, más bien, el tiempo de la poda: un dolor fecundo que alumbrará gracias.

Al quedar viuda, Brígida se entregó a Dios con todas sus fuerzas. Y, además de fundadora, fue luz para la Iglesia en tiempos muy convulsos. No diremos, por tanto, que perdió a su marido. Diremos que lo envió al cielo, por delante de ella, y que ella llegó, después, cargada de hijos y de gloria.

Recuérdalo cuando te llegue a ti el tiempo de la poda. Déjate hacer, que las almas de Dios sólo pierden para ganar.

(2307)