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22 julio, 2018 – Espiritualidad digital

Hijos de la compasión de Cristo

ovejasJesús vio una multitud–nos dice san Marcos–y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor.

Para ir a las playas de Pontevedra no hace falta un pastor; basta un gps. Pero, para llegar al cielo, para franquear el umbral de la muerte por la puerta correcta –la de la Cruz– que nos haga amanecer a la eternidad, el hombre necesita un pastor que lo guíe, porque nadie puede salvarse a sí mismo. Jesús vio a los hombres en playas y hoteles, en las casas de los montes y las terrazas de los bares, pero desperdigados y desnortados, incapaces de librarse de la muerte. Son un rebaño para el abismo, la muerte es su pastor, y bajan derechos a la tumba (Sal 49, 15). Ante ese panorama, Jesús lloró por dentro.

Los sacerdotes somos hijos de esa compasión del Señor. Vivimos para señalar a los hombres el camino del cielo. Y, aunque muchos acuden a nosotros en busca del perdón de sus pecados, o reciben de nuestras manos el Pan de vida… ¡Qué pocos se someten a la dirección espiritual! Y, entre esos pocos, ¡qué poquísimos obedecen! También los sacerdotes lloramos, a veces, por dentro.

(TOB16)