El Mar de Jesús de Nazaret

20 julio, 2018 – Espiritualidad digital

Misericordia quiero

Cuando Jesús se encaró con aquellos fariseos que acusaban a los apóstoles por comer espigas en día de sábado, les dijo: Si comprendierais lo que significa «quiero misericordia y no sacrificio», no condenaríais a los inocentes. Me pregunto si lo comprendemos nosotros.

En cuanto a la segunda parte de la frase –no condenaríais a los inocentes–, iba mucho más allá de aquellos Doce que arrancaban espigas. Al fin y al cabo, aunque inocentes de quebrantar el sábado, eran doce pecadores. Jesús apuntaba a su propia condena: «Me vais a condenar, porque no hay amor en vosotros».

Es la primera parte –misericordia quiero, y no sacrificios–, tomada del profeta Oseas (6, 6), la que lleva el peso del anuncio realizado por Jesús.

Cuando santa Catalina preguntó al Señor: «¿Cómo quieres que te ame?», Jesús le respondió: «Ámame en tu prójimo». Misericordia quiero y no sacrificios significa que no debemos pensar que todo está hecho por haber rezado y asistido a misa. Si, después de rezar, tratamos con dureza a nuestros hermanos, no agradaremos a Dios. El sacrificio que más agrada al Señor es la ofrenda de amor vertida en el icono de Cristo que más cerca tenemos: nuestro prójimo.

(TOP15V)