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11 julio, 2018 – Espiritualidad digital

Necesitamos almas

En el siglo VI, san Benito comenzó a agrupar a sus monjes en monasterios de vida común bajo la regla escrita por él.

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.

Aquellos monasterios fueron, precisamente, manantiales de vida eterna para miles de seglares que se acercaban a ellos en busca de espiritualidad. Dos siglos después eran el alma de una Europa pecadora, pero cristiana.

Hoy, Europa sigue siendo pecadora, pero pierde su alma a chorros. Conforme las series de Netflix sustituyen a los autos sacramentales, y los centros comerciales se convierten en los nuevos templos para los domingos, Europa se aparta de Cristo y se descompone, como el cuerpo cuando el alma se separa de él.

Urge recordar a Europa cuál es su alma, el hálito de vida que la animó. Pero, antes, será preciso recordar a los europeos que tienen alma, porque muchos viven ya como animales evolucionados con conexión a Internet. Necesitamos un ejército de hombres y mujeres con alma, que recuerden a sus semejantes que hemos sido creados para gozos muy superiores a una nueva temporada de «Juego de tronos».

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