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9 julio, 2018 – Espiritualidad digital

Gente maravillosa

Entre los «actores secundarios» del Evangelio, hay algunos que gritan, y otros que se deslizan sin hacer ruido. Bartimeo, Marta, o la mujer cananea pertenecen al primer grupo: se encaran con Jesús, le importunan e insisten hasta que el Señor les hace caso. Zaqueo y la mujer hemorroisa, sin embargo, son de los segundos. Quieren ver sin ser vistos. No renuncian a aproximarse a Jesús, pero parece que no quisieran importunar.

Se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría.

Conozco a ese tipo de personas, y las admiro. Se acercan al confesonario por la rejilla, confiesan sus pecados con sencillez de niños, vaciando el alma pero no el diccionario, escuchan en silencio los consejos del sacerdote, y, cuando se marchan sin hacer ruido, no sabes si por el confesonario ha pasado un pecador o un ángel. En pocos minutos han aprovechado más que otros en media hora de relatos y excusas.

Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». También levantó la cabeza para mirar a Zaqueo. Porque, aunque ellos lo pretenden, estas personas nunca logran pasar desapercibidas ante Dios.

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