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8 julio, 2018 – Espiritualidad digital

Roca de salvación y piedra de tropiezo

Cuarenta días después de que Jesús naciera, el anciano Simeón pronunció ante la Virgen una terrible profecía: Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción (Lc 2, 34).

Jesús no deja a nadie indiferente. Escándalo para los judíos, necedad para los gentiles (1Co 1, 23). Quienes no lo aman locamente, o bien lo odian, o bien tropiezan y pecan en Él.

Nadie niega la existencia histórica de Jesús. Quienes odian y persiguen a la Iglesia de Cristo son, más bien, quienes niegan su divinidad. Lo aceptan como personaje histórico, e incluso manipulan su doctrina a su favor, pero abominan de la Iglesia, que proclama que Cristo, resucitado de entre los muertos, es Dios y Salvador.

¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón?… Y se escandalizaban a cuenta de él. Si Jesús es uno más del clan, el clan tiene dominio sobre Él. Pero, si es Dios, entonces está por encima del clan, y el clan tiene que rendirse a sus pies. Eso es lo que no toleramos: que haya alguien por encima de nosotros. Aunque sea Dios.

(TOB14)