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5 julio, 2018 – Espiritualidad digital

El eterno presente de la Cruz

Una de las limitaciones que tenemos para entender la vida de Jesús es que la leemos como la vida de un personaje histórico, con sus «antes» y «después»: Nacimiento, vida oculta, vida pública, Pasión, Resurrección. Jesús fue un personaje histórico; esa lectura está justificada. Pero es, también, Hijo de Dios, Señor del tiempo y la eternidad. Juan comienza su evangelio fuera de la Historia: En el principio existía la Palabra (Jn 1, 1).

Al ser Señor del tiempo, lo es también de su propio tiempo, y lo trasciende. Mira y gobierna sus años como mira el pintor su cuadro, en el que todo es presente. La Cruz está en Belén, Belén en el Calvario, y ambos acompañan al Señor por Galilea.

Sólo contemplado así podremos comprender: ¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados… ¿Qué es más fácil, decir: «Tus pecados te son perdonados», o decir: «Levántate»?

Escucha de nuevo ese: ¡Ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados!, y entenderás que fue pronunciado desde la Cruz; desde la misma Cruz donde absolvió al buen ladrón y pidió perdón para sus verdugos. Así sabrás qué fue más fácil. Y sabrás de dónde vienen las palabras que escuchas cuando el sacerdote te absuelve.

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