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28 junio, 2018 – Espiritualidad digital

¿Nos conocemos?

Las palabras con las que, según los evangelios, el Señor recibirá a quienes no hayan sido fieles, son terribles:

Nunca os he conocido. Apartaos de mí.

A las vírgenes necias, el Esposo las recibe con palabras semejantes:

En verdad os digo que no os conozco (Mt 25, 12).

¿Acaso hay alguien a quien Dios no conozca?

Es necesario entender que, en la Biblia, el conocimiento no se ajusta a la «adequatio intellectus et rei» de los filósofos. Adán, según el Génesis, conoció a Eva, y Eva dio a luz. Y cuando el salmo 139 dice a Dios: Tú me sondeas y me conoces (Sal 139, 1), se refiere a algo más que a una noticia.

El conocimiento, según la Escritura, es un diálogo amoroso en que amante y amado se sondean y llegan, cada uno, a acariciar los abismos del corazón del otro. Dios me conoce porque entra hasta lo más profundo de mí, si yo le abro las puertas de mi vida. Y yo conozco a Dios porque Él me abre la llaga del costado, y encuentro cobijo en esa sagrada gruta.

Quizá, para ser exactos, habría que traducir el no os conozco de otra manera: «No nos conocemos».

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