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27 junio, 2018 – Espiritualidad digital

El único árbol bueno

Que no te engañen las apariencias. En cuanto a los árboles y la Biblia, nada es lo que parece.

Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos.

Míralo en la Cruz: abierto el cuerpo a latigazos, ensangrentado, cubierto de esputos y tierra, ennegrecido y agonizante. Ningún árbol parecería más dañado que ése. Y, sin embargo… Es el único árbol bueno. Sus frutos, manados de la llaga del costado como el agua de una fuente, han llenado la Historia y poblado la tierra. De ese árbol procede la sangre de los mártires, las virtudes de los santos y la gracia que regenera las almas.

Con qué belleza te pintan, en películas y series de televisión, adulterios, fornicaciones y perversiones. Allí todos parecen tener las medidas perfectas, la apariencia perfecta y el peso perfecto. Tú mismo sueñas despierto, y tus sueños de mundos irreales te parecen preciosos… Pero nada hay más falso y enfermo que el corazón (Jer 17, 9).

Tu corazón es el árbol dañado; el pecado lo dañó, y está enfermo.

Por eso, cuando te asalte un sentimiento, discierne. Si viene de tu corazón, desconfía. Si viene del Corazón de Cristo, obedécelo sin miedo.

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