El Mar de Jesús de Nazaret

24 junio, 2018 – Espiritualidad digital

Mejor preguntas que respuestas

Acudimos (o deberíamos acudir) al anciano en busca de sabiduría y experiencia. El niño, sin embargo, suscita curiosidad y expectativas. «Será niño», «será niña», «será rubio», «será pelirrojo», «será abogado», «será ingeniero», «¡será sacerdote!»… Todo son sueños y apuestas.

Querían llamarlo Zacarías, como a su padre. Aún no puede hablar, y ya le están planificando la vida. Esperan que el primogénito perpetúe el nombre y la semilla paterna.

¡No!

Ese ¡No! de Isabel vale oro. Es un ¡No! a las criaturas que brota de un rendido «¡Sí!» a Dios.

Se va a llamar Juan… Juan es su nombre. Zacarías se une a Isabel, para enfrentarse, como un sola carne, a las expectativas de los hombres.

«Este niño no será lo que vosotros o nosotros esperemos de él. No es una pizarra donde podamos escribir la respuesta a nuestros complejos, ni la satisfacción de nuestras frustraciones, ni la perpetuación de nuestros sueños. Este niño será lo que Dios quiere de él. Dios le ha dado el nombre; Él marcará la misión».

Los que lo oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Maravillosa reflexión, que convierte las respuestas en preguntas. «¿Qué quiere Dios de él?».

¡Así se educa a un hijo!

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