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14 junio, 2018 – Espiritualidad digital

El arte del insulto

Algunas frases del Evangelio requieren una explicación:

Dice Jesús: Si uno llama a su hermano «necio», merece la condena de la «gehenna» del fuego.

Pero cuando, resucitado, se aparece a los discípulos de Emaús, les reprocha: ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! (Lc 24, 25).

¿Diremos, entonces, que el propio Jesús fue reo de sus palabras, y mereció la condena que Él había anunciado?

No pecan los labios, sino el corazón. Hay insultos que son más cariñosos que un beso, y hay besos que son más letales que la mordedura de una serpiente. Cuando Jesús atribuye la condena a quien llama «necio» a su hermano, habla de quien insulta con palabras empapadas en odio y deseos de muerte. No se atreve a matarte, pero te llama «imbécil» como si te apuñalara.

Sin embargo, cuando una madre llora porque su hijo no quiere obedecer, y, entre lágrimas, le dice: «¿Tan tonto eres, hijo mío?», ese insulto merece los honores de una declaración amorosa. ¡Y qué amor! ¡Bendito insulto! Así insultaba Jesús a los suyos. Y cómo los amaba…

Por tanto, antes de insultar a alguien, mírate el corazón… Y, a ser posible, no digas palabrotas.

(TOP10J)