El Mar de Jesús de Nazaret

10 junio, 2018 – Espiritualidad digital

¡Eso es amor!

En ocasiones, otorgamos demasiada importancia a los efluvios en la oración. Y pensamos que, si hemos derramado lágrimas ante un sagrario, eso significa que estamos muy unidos al Señor.

Yo también derramo lágrimas ante algunas películas, y no por eso amo a los personajes ni al director. Además, si el termómetro de nuestro amor a Dios fueran los efluvios, tendríamos que deducir que apenas amamos a Dios cuando nuestra oración es seca.

En ocasiones, mi sentimiento predominante ante un sagrario es el sueño, el hambre, los pies fríos o las ganas de fumar. ¿Cómo medir mi amor por síntomas tan estúpidos?

El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre. Ahí tienes el verdadero síntoma de tu unión con Dios. La familia comparte genes, y el gen de Cristo es la obediencia.

Por eso, cuando quiero saber si amo a Dios, me pregunto si estoy haciendo su voluntad. A la hora de rezar, rezando (con, o sin ganas). A la hora de comer, comiendo (con buen apetito, normalmente). A la hora de trabajar, trabajando (cansado, o descansado). Y, a la hora de dormir… a pierna suelta. Y creo firmemente que eso es amor.

(TOB10)