El Mar de Jesús de Nazaret

9 junio, 2018 – Espiritualidad digital

Corazones y corazones

Inmaculado corazón de MaríaHablábamos ayer de «corazones grandes», pero la grandeza de un corazón humano es limitada.

Hay quien tiene el corazón como un ascensor. Máxima capacidad: 5 usuarios o 600 kgs. Cuando te acercas a esas personas, y te das cuenta de que su corazón ya está ocupado, lo dejas pasar, y esperas al siguiente.

Otros tienen el corazón como una habitación, aunque siempre parece el camarote de los hermanos Marx. Te dejan entrar, pero te dicen: «En el techo aún queda sitio»… Y te sientes agobiado y estrecho. Además, no huele muy bien ahí dentro.

Los hay que tienen el corazón como un estadio de fútbol. Cabe muchísima gente, pero no puedes evitar sentirte perdido entre la multitud, como si no se fijaran demasiado en ti.

Y, después, está el Inmaculado Corazón de María. No es que sea pequeño ni grande, pero su puerta se cierra cuando entras tú. Y, al pasar, descubres que, por el otro lado, por dentro, está abierto al cielo, y el Amor de Cristo lo invade. Hay un silencio precioso y sobrecogedor. Es un santuario, o una capilla, pero huele a Mujer y a Madre.

Te recoges. Callas. Dices «Mamá». Y jamás quisieras salir de allí.

(ICM)