El Mar de Jesús de Nazaret

8 junio, 2018 – Espiritualidad digital

La lanza que se clavó en Dios

corazón de jesúsNi por asomo podía sospechar aquel soldado la verdadera hondura del golpe que asestaba con su lanza. ¿Cómo saber que aquel corazón humano guardaba dentro todos los tesoros del Amor divino?

Y al punto salió sangre y agua. Esa sangre y esa agua derramaban sobre la tierra toda la misericordia que Dios almacenaba en tan precioso odre para entregársela a la Iglesia, y para que la Iglesia la entregase generosamente a los hombres.

Decimos, cuando en alguien percibimos sentimientos nobles, que tiene «un gran corazón». Incluso añadimos que «no le cabe en el pecho». Pero hay algo mejor, mucho mejor que un gran corazón, y es un corazón roto, un pecho abierto, y un amor derramado.

¡Oh, Jesús! Miro tu cuerpo como un odre que se vacía, y todos los amores de este mundo me parecen nada, y menos que nada. Sólo Tú me has amado, y las criaturas que me quieren no hacen sino señalarme tímidamente el Crucifijo. Y cuando bebo del Cáliz precioso que pusiste en mis manos, me parece que aplico los labios al caño de tu costado y me sacio sin saciarme de esa fuente que jamás se agota.

No hay más amor que el Amor.

(SCJB)