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25 mayo, 2018 – Espiritualidad digital

Primero el alma. El matrimonio, después

matrimonio cristiano¿Qué haremos, cuando unas palabras pronunciadas por el Hijo de Dios vivo son incumplidas por multitud de bautizados?

Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio.

Querer alterar el significado de esas palabras, alegando que son muchos los bautizados que se divorcian y contraen matrimonio civil con otra persona, sería negar la divinidad de Cristo, o –peor aún– situarnos por encima de Él. Y convertir el adulterio en un pecado venial o un accidente ocasionado por la inexperiencia equivaldría a negar la Biblia entera, donde el adulterio es uno de los tres grandes pecados.

La solución no consiste en enmendarle a Dios la plana, sino en convertirnos. Es necesario que los esposos viváis en gracia, que ancléis vuestras vidas a la Cruz, y que sea la Cruz, fuente del Amor vivo, la que os mantenga unidos. Detrás de cada conflicto matrimonial, hay un conflicto espiritual… o dos. Si las almas están bien, el matrimonio –con alegrías y sufrimientos– estará bien. Pero si las almas están mal… No culpéis a Dios de eso. Más bien, cuidad vuestras almas –cada uno la suya–, y vuestro matrimonio será tan sólido como el Amor que os mantiene unidos.

(TOP07V)