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22 mayo, 2018 – Espiritualidad digital

Los últimos entre los hombres

En el Sermón de la Montaña, Jesús había dicho: No hagáis frente al que os agravia (Mt 5, 38). Son palabras hermosas, pero durísimas. ¿Acaso podemos adoptar una actitud pasiva cuando alguien nos afrenta una y otra vez?

Ni podemos, ni debemos. Porque una actitud pasiva ante el agravio es la misma que adopta un balón de fútbol ante las patadas: se deja golpear, y punto. Lo que el Señor nos pide en el Monte es, aún, más duro: quiere que, ante las afrentas del prójimo, adoptemos una actitud receptiva; esto es, que, además de padecerlas, las acojamos en el corazón, y allí, al ofrecerlas a Dios, convirtamos en amor una fuerza que venía marcada por el odio.

El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará. Él va por delante. Ante los agravios de los hombres, se entrega mansamente en sus manos, y, con la ofrenda amorosa de su vida, convierte el pecado en redención.

Mira al crucifijo, y entenderás. Nuestra fe no nos sitúa por encima de los demás. Al contrario, nos convierte en los últimos entre los hombres. Así somos corredentores.

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