El Mar de Jesús de Nazaret

19 mayo, 2018 – Espiritualidad digital

Deberíamos haber aprendido

Cuando Eva paseaba por el Jardín, su mirada estaba absorta en Dios… Hasta que la serpiente la llamó, y Eva fijó sus ojos en el Enemigo. La Humanidad entera se hundió entonces.

Miles de años después, Simón fue invitado por el Hijo de Dios a caminar sobre las aguas. Mientras caminaba, su mirada estaba fija en Jesús… Hasta que las olas y el viento lo asustaron, y Simón apartó los ojos del Señor para mirar al mar. En ese momento, se hundió.

Poco más tarde, en Getsemaní, Pedro siguió a Jesús hasta el Sanedrín… Hasta que la hoguera de unos soldados le recordó que tenía frío, y, olvidando a Jesús, acudió a calentarse al fuego de los enemigos. Después negó a Jesús tres veces.

Ha resucitado Jesús, y Simón, arrepentido, le ha declarado su amor. Camina junto al Señor… Hasta que, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba (…) «Señor, y este, ¿qué?».

¿A ti qué?, responde Jesús. Tú sígueme.

Dos mil años después, deberíamos haber aprendido: cada vez que fijamos la mirada en algo o alguien distintos del Señor, por importante o urgente que parezca, perdemos soberanamente el tiempo, y nos perdemos a nosotros mismos.

(TP07S)