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16 mayo, 2018 – Espiritualidad digital

¿Qué es la santidad?

A menudo pensamos en la santidad como si fuera un ejercicio moral, una medalla de oro en la olimpiada de virtudes que debe adquirirse a base de un tremendo esfuerzo. Pero, si así fuera, la santidad no sería asequible para todos los hombres; no todo el mundo puede ser campeón olímpico. Desde luego que los santos han mostrado virtudes, y en grado heroico. Pero no son esas virtudes la esencia de su santidad, sino, más bien, sus frutos. La santidad es otra cosa.

Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. La santidad es una suerte de consagración. Y no me refiero, ahora, a los votos de los religiosos, sino al sentido más literal de la palabra «consagración»: el misterio por el que un ser se convierte en sagrado. Y lo sagrado es propiedad de Dios. Cuando un hombre pasa a ser propiedad de Dios, queda consagrado, es decir, santificado.

Te pido perdón por el galimatías, si crees que no me he explicado bien. Lo escribiré de forma más simple. Cuando el Espíritu Santo conquista tu alma, y puedes decirle al Señor, con verdad: «Soy tuyo, te pertenezco, me has robado el corazón»… Entonces, estás siendo consagrado, y también santificado.

(TP07X)