El Mar de Jesús de Nazaret

15 mayo, 2018 – Espiritualidad digital

Habla, no calles

Al despedirse de los presbíteros de Éfeso antes de dirigirse a Jerusalén para ser encarcelado, san Pablo declara haber cumplido la misión que Cristo le asignó: Testifico en el día de hoy que estoy limpio de la sangre de todos: pues no tuve miedo de anunciaros enteramente el plan de Dios(Hch 20, 26–27).

Al despedirse de los apóstoles, antes de ser llevado a la Cruz, Jesús ora a su Padre: He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo.

Cuando tú te despidas de este mundo, quiera Dios que puedas decir lo mismo.

Te habrás dado cuenta de que, ni Cristo ni san Pablo, declaran haber sido escuchados ni obedecidos. Jesús, incluso, se lamentará, en esa misma oración, de la suerte del hijo de perdición (Jn 17, 12).

Dios no te va a preguntar si has sido escuchado. En este planeta tan extraño, todo el mundo hace lo que le da la gana. Jesús murió solo, y basta con leer las quejas de Pablo a los corintios y a los gálatas para entender que también fue muy despreciado. Con todo, Dios te va a preguntar si has hablado, si has manifestado su palabra.

(TP07M)