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9 mayo, 2018 – Espiritualidad digital

Futurólogos con poco futuro

¡Qué mundo tan extraño! Mientras los hombres se alejan de Dios, los pitonisos, nigromantes, médiums, brujos y echadores de cartas hacen su negocio con personas que jamás rezarían un padrenuestro. Tiene su explicación: el afán por conocer el futuro no es un afán religioso, sino idolátrico. Y quienes han abandonado a Dios desean controlar el futuro para ser, ellos mismos, dioses.

Dios, que conoce el porvenir, no desvela su secreto a los hombres. Cuando lo hace, la profecía es misteriosa, y no se muestra con claridad hasta que lo anunciado ha sucedido, como un modo de ratificar la ciencia de Dios. En otras ocasiones, anuncia un futuro terrible, con la intención de evitar que suceda. Tal fue el anuncio de la destrucción de Nínive, que nunca llegó a realizarse.

Hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El Espíritu no desvela al hombre acontecimientos futuros. Pero le comunica, ya en esta vida, las delicias divinas de la vida celeste. Anticipa el cielo ya en la tierra. A eso se refiere el Señor.

El Paráclito alumbra en nosotros la esperanza, y nos hace conocer que iremos al cielo. Pero el camino se lo dejaremos a Él.

(TP06X)