El Mar de Jesús de Nazaret

8 mayo, 2018 – Espiritualidad digital

Fe. Contemplación. Obediencia

Cuando el Espíritu Santo desciende sobre la tierra, divide al mundo en dos, como un cuchillo. Quienes lo acogen son de Cristo; quienes lo rechazan son del mundo.

El Espíritu santificará al cristiano, pero también dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena.

De un pecado, porque no creen en mí. En el alma del cristiano, sin embargo, infundirá la fe, y, con ella, la vida eterna.

De una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis. El mundo queda a oscuras, porque Jesús es la luz del mundo, y quien no lo mire a Él sólo verá muerte. En el alma del cristiano, sin embargo, Jesús se manifiesta a través de su Espíritu, y todo lo llena de luz.

De una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado. Al obedecer los caprichos de la carne y del corazón, el mundano es arrastrado al Infierno por el Demonio. El cristiano, sin embargo, obedece en todo al Espíritu, y así es llevado al Paraíso.

Fe. Contemplación. Obediencia. Y, con ellas, la caridad, Amor de Cristo en el alma del santo. Cuando el Espíritu descienda sobre la tierra, acógelo, y vivirás.

(TP06M)