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7 mayo, 2018 – Espiritualidad digital

Dar testimonio, y dar permiso

Nada ama tanto el hombre como su propia vida. Sólo el santo ama a Cristo más que a su vida. Por eso, antes de dar testimonio, es necesario dar permiso.

Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre (…), él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio.

El Paráclito da testimonio de su presencia de Cristo en el alma, porque Él mismo lo hace presente. Ahora bien, para que el cristiano se convierta en testigo, no basta con «estar» en gracia.

Sales de confesar, y te alegras porque sabes que tu alma está en gracia de Dios. El Paráclito habita en ti… pero no basta. También tu mascota habita en tu casa, y no permites que suba a los sillones. Si tratas al Espíritu como a la mascota, si lo encierras en una capilla interior… No podrás ser santo.

Para ser santo, tienes que darle al Paráclito permiso para adueñarse de tu vida por completo, y convertirla, así, en sacrificio de obediencia. Tienes que dejar que tome posesión de tus afectos, de tus pensamientos, de tus obras, y de los pliegues más escondidos de tu corazón. Entonces serás otro Cristo. Y darás testimonio. Y serás santo.

(TP06L)