El Mar de Jesús de Nazaret

24 abril, 2018 – Espiritualidad digital

Un dulce secuestro (II)

Permíteme que continuemos en el lugar donde ayer lo dejamos. Todas las ovejas del Buen Pastor escuchan su voz. Pero –demos ahora un paso más, a la luz de la palabra, y con ayuda de Aristóteles–, no todas las que escuchan su voz son ovejas suyas.

No te hagas un lío, que la lógica aristotélica es infalible. Además de escuchar la voz del Buen Pastor, sus ovejas deben cumplir otras dos condiciones:

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen.

1.– Escuchan mi voz: ¿Meditas la palabra de Dios cada día?

2.– Y yo las conozco: El Señor conoce a todo el mundo. Pero Jesús no se refiere a eso. ¿Te dejas conocer por Él? ¿Eres sincero con Dios en tu oración? ¿Eres sincero con tu director espiritual, o guardas secretos de los que prefieres no hablar, por si acaso el confesor te corrige?

3.– Y ellas me siguen: ¿Niegas tu propia voluntad para obedecer en todo a la voluntad de Dios? ¿Obedeces al director espiritual en lo relativo a la vida interior y al apostolado?

No te extrañe que cite al director espiritual. Es la plasmación, en la Iglesia, de Cristo, Buen Pastor.

(TP04M)