El Mar de Jesús de Nazaret

23 abril, 2018 – Espiritualidad digital

Un dulce secuestro

En la alegoría del Buen Pastor, el adjetivo posesivo reviste enorme importancia. Jesús no habla, en general, de «las ovejas», sino de «sus ovejas».

Va llamando por su nombre a sus ovejas… Cuando ha sacado todas las suyas… El Señor distingue muy bien, a lo largo del discurso, a las ovejas suyas de las que no lo son. A los judíos les dirá: Vosotros no sois de mis ovejas (Jn 10, 26).

¿Qué distingue a las ovejas del Buen Pastor de las demás? Las ovejas atienden a su voz… Lo siguen, porque conocen su voz.

Todo comienza en la escucha. Cuando un cristiano escucha cada día con reverencia la palabra de Dios y la medita en su corazón, como la Virgen, esa palabra se apodera de él, lo secuestra dulcemente y lo convierte en oveja de Cristo.

Y es que «cristiano» es quien pertenece a Cristo, como pertenece la oveja al pastor. El hecho de rezar todos los días, pidiendo favores al cielo y examinando tu conciencia, es bueno y piadoso, pero no te convierte en cristiano. No por pedir, ni por obrar, perteneces a Cristo. Meditar la palabra, y dejarte secuestrar por ella, te hace cristiano, como a María.

(TP04L)