El Mar de Jesús de Nazaret

19 abril, 2018 – Espiritualidad digital

El discurso, el Calvario, y el altar

Si queremos entender el discurso del Pan de vida, debemos fijar nuestra mirada en dos misterios, que se relacionan como círculos concéntricos.

El primero, el más próximo a las palabras del Señor, es su Pasión. En el Gólgota, Jesús se partiría como el pan, sería devorado, y esa comunión, aunque sacrílega, traería la salvación al mundo. No todos comulgaron sacrílegamente. Las mujeres homenajearon ese Cuerpo, y la tierra lo comulgó devotamente en el sepulcro.

Tras ser partido en el Calvario, el Pan se multiplicaría en los millones de hostias que llenan nuestros sagrarios. El misterio de la Eucaristía, que se despliega hasta el fin de los tiempos, como un segundo círculo, desde el Gólgota, es, también, el segundo referente del discurso.

Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre. Los hombres huyen del Gólgota. Nadie se acerca al Calvario si no acude enviado por Dios. Nuestras miradas de amor al Crucifijo responden a un secreto impulso del Espíritu. Tampoco comulga nadie si Dios no lo atrae. La Eucaristía no reviste atractivo para la carne. Pero quienes reciben el Espíritu de Hijos la devoran.

Da gracias después de comulgar. Pero, también antes, agradece a Dios ese divino deseo.

(TP03J)