El Mar de Jesús de Nazaret

18 abril, 2018 – Espiritualidad digital

Mira primero. Comulga después

EucaristíaLos que, de verdad, están enamorados, antes de besarse, se miran. Y encuentran tanta alegría en los ojos al mirarse, como en los labios al besarse. El beso de amor, si es de amor, viene siempre después de la mirada.

La sagrada Hostia no sólo se come. También se mira. Se la mira antes de comerla, si se quiere comulgar con devoción. Porque la mirada despierta la fe, y la fe enciende el amor que abrasará en fervor la comunión.

Por eso el Señor, durante el discurso del Pan de vida, se queja: Me habéis visto y no creéis. Si, primero, no miráis con fe, ¿cómo podréis comulgar, después, con amor?

Después de consagrar el Pan, el sacerdote eleva la sagrada Hostia. Mírala. Y repite, por dentro, las palabras de Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!».

Después de partir el Pan, el sacerdote te muestra, de nuevo, al Cordero de Dios. Míralo. Y, al mirarlo, cree que es Dios mismo, entregado y roto por Amor, quien está ante tus ojos.

En el momento de comulgar, el sacerdote debe mostrar la Hostia ante tus ojos, mientras dice: «El Cuerpo de Cristo». Míralo, enciéndete en deseos de devorarlo, y suspira: «¡Amén!».

Comulga.

(TP03X)