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12 abril, 2018 – Espiritualidad digital

Sobre la ira de Dios

Muchos hablan y escriben como si la ira de Dios, tantas veces mencionada en las Escrituras, fuera un fallo de apreciación de hombres primitivos y groseros, incapaces de entender que Dios es amor. Supongo que hablan así para tranquilizar sus atormentadas conciencias. En el fondo, y por mucho que les avergüence, tienen miedo de Dios.

Pero cuando ese Dios, que es amor, viene al mundo en Cristo, para sorpresa de pusilánimes, habla también de la ira de Dios: El que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Aclaremos conceptos sin tergiversar las Escrituras: la ira de Dios no es fruto de un «enfado divino» por el que el Altísimo lance rayos contra sus enemigos. La ira de Dios es la terrible ausencia de su Amor. Y pesa sobre cuantos huyen de ese Amor venido del cielo, igual que las tinieblas pesan sobre cuantos huyen de la luz.

El que cree al Hijo lo mira enamorado. Y esa mirada orienta sus pasos hacia la vida. El que no cree al Hijo, al darle la espalda a la vida, queda mirando hacia la muerte. Y no se salvará si no se convierte.

(TP02J)