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11 abril, 2018 – Espiritualidad digital

¡Oh, Cruz gloriosa!

«Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos»… Ese día llegará, y sólo el Padre conoce la hora.

Pero, antes de que ese día llegue, el Hijo ha venido ya a esta tierra. No para juzgar, sino para salvar: Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Con los brazos abiertos en la Cruz, después de morir, rompió la muerte y resucitó, cruzando al otro lado, al de la eternidad. Y dejó abierta esa brecha en la cárcel de este mundo, para que quienes estábamos condenados a muerte por nuestros pecados podamos seguirle, y salir a través de ella al asalto del Cielo.

Si, durante la Semana Santa, mirábamos la Cruz compungidos, ahora, en Pascua, la miramos llenos de júbilo. En ella vemos la puerta abierta de los cielos, y tras ella divisamos ese Rostro glorioso del Señor, cuya contemplación será nuestra gloria eternamente, sin cansancio y sin descanso.

La brecha sigue abierta para todos. Y quien la cruce, por la fe, en esta vida, ya no será juzgado cuando Cristo vuelva.

Por eso, también en Pascua, especialmente en Pascua… ¡Mirad a la Cruz!

(TP02X)