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4 abril, 2018 – Espiritualidad digital

Tristes e ignorantes

EmaúsNo hay tristeza más estúpida que la tristeza innecesaria. Como la del joven rico. ¿Qué necesidad había de vivir sin Cristo, cuando lo único necesario es vivir con Él?

Ellos se detuvieron con aire entristecido. ¡Estúpida tristeza! ¿Qué necesidad hay de vivir para la muerte, cuando ha estallado la vida ante sus ojos? Pero sus ojos están cerrados. Como los de los muertos.

¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días? A quien derrocha vida eterna, lo tratan como ignorante. «¿Aún crees en Jesucristo, en pleno siglo XXI? ¿Todavía permaneces en esa ignorancia de tiempos pasados? ¿En qué siglo vives? ¡Ponte al día! Los cristianos predican a un Jesús resucitado… pero a él no lo vieron. Ni lo han visto ellos, ni nosotros».

De repente, un relámpago les recorre las entrañas. En ese cristiano, a quien tomaron por ignorante, perciben una alegría desconocida para ellos. Y, conforme camina a su lado, su estrecho horizonte se rasga. Ese hombre parece vivir otra vida. Algo tiene en los ojos y en los labios que es como aire de cielo sobre la tierra. Y, finalmente… Quédate con nosotros.

Ese cristiano tienes que ser tú.

(TP01X)