El Mar de Jesús de Nazaret

3 abril, 2018 – Espiritualidad digital

¡Rabbuni!

María Magdalena despliega ante nuestros ojos todas las pistas que necesitamos para encontrar a ese Jesús resucitado que nos busca. Ella es maestra de las almas eucarísticas. Cuando Jesús fue descolgado del Madero, ella ungió el mismo cuerpo que nosotros comulgamos. Y hoy, domingo –porque aún es domingo–, ella, sin saber que Jesús vive, busca ese mismo cuerpo. No se conforma con encontrarlo; se lo quiere llevar: Dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. No hay nada más eucarístico que ese deseo.

Pero, ay, lo encuentra, y no lo ve. Lo tiene delante, y no lo reconoce. Sus sentidos la engañan… como a nosotros. Quien a ella le parece el hortelano, a nosotros nos parece pan. Y le decimos al sagrario lo que ella dice al hortelano: Si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto.

«Sed auditu solo tuto creditur»… Si fallan los ojos, el tacto y el gusto, creeremos al oído. ¡María!. Y por el oído, por el que recibimos la enseñanza, se despierta la fe: Es Él, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. Ante el sagrario caemos arrodillados, locos de alegría: ¡Rabbuní! Lo hemos encontrado. Vivo y glorioso.

(TP01M)