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2 abril, 2018 – Espiritualidad digital

Riendo en las narices del dinosaurio

Las primeras palabras de Jesús resucitado marcan toda una revolución: Alegraos… No temáis.

Mira a tu alrededor: los mismos motivos para la tristeza que pudiste encontrar la semana pasada continúan allí. Las amenazas que te hacían sentir miedo ayer no se han marchado. Tu vida sigue rodeada por el dolor y la muerte. Enciende el televisor, y comprobarás que no ha cambiado el sesgo de las noticias: homicidios, mentiras, injusticias y calamidades aún ocupan los titulares de portada.

¿Recuerdas aquel microrrelato de Monterroso? «Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí». Míralo a la cara: sigue allí. Dormimos con Cristo el sueño de la muerte, despertamos con Él a una vida nueva, y el dinosaurio no se ha ido…

… Ni falta que hace. Quienes hemos cambiado somos nosotros. Escucha a san Pablo: Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba (Col 3, 1). Ante nuestros ojos se ha abierto la eternidad, con todo el Amor de Cristo esperándonos allí. Por eso, si el dinosaurio quiere llevarse nuestra vida mortal, se la entregaremos sin miedo. Nuestro tesoro está en el cielo, y no nos lo puede robar. Y ante las narices del mismísimo dinosaurio gritaremos, como los mártires: ¡Aleluya!

(TP01L)