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abril 2018 – Espiritualidad digital

¿No te salen las cuentas?

Números, números, números… ¿A cuántas personas has acercado al confesonario? ¿Cuántos amigos tuyos han acogido a Dios en sus vidas? ¿Cuántos jóvenes hay en esa parroquia? ¿Cuántas personas asisten a misa en ese templo cada domingo? Si no hay números, no eres nadie, has fracasado. En ocasiones, con enorme sonrojo, he escuchado a hermanos míos sacerdotes hablar del número de comuniones que habían repartido en una ceremonia, o del número de penitentes que habían confesado… ¡Números, números, números!

Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. Estas palabras no llevaban incorporada la garantía de que el mundo cayera rendido a sus pies. Cuando los apóstoles murieron, el mundo no era cristiano. Y cuando Cristo murió, estaba prácticamente solo. Apenas quedaba un cristiano que no hubiera desertado.

¡Números, números!… Que nos dejen en paz. Dios no es un CEO de una multinacional.

La predicación valiente nadie la escucha, porque el mundo es cobarde. Y los frutos de la vida del cristiano, como los de la Cristo, no surgen hasta que el grano de trigo haya muerto. Si quieres números, espera a contarlos desde el cielo. De los destellos numéricos que cuentes en vida no te fíes demasiado…

(2504)

Un dulce secuestro (II)

Permíteme que continuemos en el lugar donde ayer lo dejamos. Todas las ovejas del Buen Pastor escuchan su voz. Pero –demos ahora un paso más, a la luz de la palabra, y con ayuda de Aristóteles–, no todas las que escuchan su voz son ovejas suyas.

No te hagas un lío, que la lógica aristotélica es infalible. Además de escuchar la voz del Buen Pastor, sus ovejas deben cumplir otras dos condiciones:

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen.

1.– Escuchan mi voz: ¿Meditas la palabra de Dios cada día?

2.– Y yo las conozco: El Señor conoce a todo el mundo. Pero Jesús no se refiere a eso. ¿Te dejas conocer por Él? ¿Eres sincero con Dios en tu oración? ¿Eres sincero con tu director espiritual, o guardas secretos de los que prefieres no hablar, por si acaso el confesor te corrige?

3.– Y ellas me siguen: ¿Niegas tu propia voluntad para obedecer en todo a la voluntad de Dios? ¿Obedeces al director espiritual en lo relativo a la vida interior y al apostolado?

No te extrañe que cite al director espiritual. Es la plasmación, en la Iglesia, de Cristo, Buen Pastor.

(TP04M)

Un dulce secuestro

En la alegoría del Buen Pastor, el adjetivo posesivo reviste enorme importancia. Jesús no habla, en general, de «las ovejas», sino de «sus ovejas».

Va llamando por su nombre a sus ovejas… Cuando ha sacado todas las suyas… El Señor distingue muy bien, a lo largo del discurso, a las ovejas suyas de las que no lo son. A los judíos les dirá: Vosotros no sois de mis ovejas (Jn 10, 26).

¿Qué distingue a las ovejas del Buen Pastor de las demás? Las ovejas atienden a su voz… Lo siguen, porque conocen su voz.

Todo comienza en la escucha. Cuando un cristiano escucha cada día con reverencia la palabra de Dios y la medita en su corazón, como la Virgen, esa palabra se apodera de él, lo secuestra dulcemente y lo convierte en oveja de Cristo.

Y es que «cristiano» es quien pertenece a Cristo, como pertenece la oveja al pastor. El hecho de rezar todos los días, pidiendo favores al cielo y examinando tu conciencia, es bueno y piadoso, pero no te convierte en cristiano. No por pedir, ni por obrar, perteneces a Cristo. Meditar la palabra, y dejarte secuestrar por ella, te hace cristiano, como a María.

(TP04L)

La buena oveja

Por bucólica que sea, la alegoría del buen pastor, leída «a ras de tierra», es disparatada. Se comprende el reproche al asalariado, a quienno le importan las ovejas, que huye ante la presencia del lobo y condena a muerte al ganado. Pero, frente al asalariado, la lógica humana situaría al «pastor responsable», que le asestara al lobo cuatro disparos del calibre 12. Proponer, como antagonista del asalariado, a un «buen pastor» que da su vida por las ovejas y se entrega a las fauces del lobo es llevar las cosas demasiado lejos. ¿Qué pastor haría eso? ¿Podría decirse que está en sus cabales?

Aquí es donde se requiere altura de miras, y visión sobrenatural, si es que no queremos perdernos entre disparates. La imagen de un pastor que se deja comer por el lobo para salvar a las ovejas sólo tiene sentido si el Pastor es un Dios loco de Amor, y las ovejas son seres humanos, creados a su imagen y semejanza. Es la imagen de Cristo crucificado, entregado voluntariamente a sus verdugos para redimir al hombre.

Ahora sería necesario hablar de la «buena oveja»: ¿Aprovechas y agradeces el fruto de ese sacrificio? ¿Eres fiel a tanto amor?

(TPB04)

La carne no sirve para nada

Como si hubiera leído el Señor que ayer escribí sobre las delicias de la ternera gallega, y su falta de sustancia cuando la comparamos con el Pan de vida, hoy exclama: La carne no sirve para nada. ¿Veis lo que os decía?

Repito que el punto de comparación es el Pan de vida. Si la comparamos con las verduras, la carne sirve para que uno se sienta persona. Pero, comparada con el alimento de los hijos de Dios…

La carne no sirve para nada. Deberías repetírtelo cuando tu carne insatisfecha brame. Ante una tentación de lujuria, cuando el Demonio te presenta los goces carnales como el paraíso en la tierra, dite a ti mismo: La carne no sirve para nada. Ante un ataque de gula en un día de ayuno, cuando tu estómago te promete la felicidad a cambio de un banquete, dite a ti mismo: La carne no sirve para nada. Ante la embestida de la ira, cuando tus vísceras desean descargar su furia contra tu hermano, repite: La carne no sirve para nada.

No esperes a sufrir la decepción que sobreviene tras el pecado, cuando te tienes que decir a ti mismo: «Y esto… ¿para qué ha servido?».

(TP03S)