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29 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

El mayor Amor que jamás visitó la tierra

Han comenzado días que duran como siglos. Una tristeza santa, sobrecogedora, nos encoge el corazón.

Nunca vimos a Jesús tan emocionado. Nos mira a cada uno como si su corazón quisiera salir por los ojos, a través de las lágrimas, y alcanzar el nuestro para besarlo. No puede. Aún no ha sido abierta la puerta del costado.

Luego echa agua en la jofaina, y se pone a lavarles los pies a los discípulos. Ahí lo tengo, postrado ante mí. Es Dios quien está en tierra, lavando mis pies. ¿Cómo me has amado tanto, oh Jesús? ¿No debería ser yo quien me postrase ante Ti? Si no te lavo, no tienes parte conmigo.

Los amores grandes no quedan satisfechos con un beso. Ni se vació el tuyo con el agua de aquella jofaina. Has terminado de lavarme los pies, y aún tu corazón empuja tras los ojos. Ahora será tu cuerpo el que me entregues con el Pan.

Pero no basta… Morirás, por mí, de muerte infame. Y, después de muerto, te dejarás vaciar, hasta que todo tu Amor se derrame. ¿Por qué me has amado tanto, oh Jesús?

Han comenzado los días del mayor Amor que jamás visitó la tierra.

(JSTO)