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27 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

Dos pecadores

Son dos pecadores, y eso los iguala. Pero los latidos de sus corazones son tan distintos, que, entre uno y otro, media la distancia que separa el cielo del infierno.

En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces. Pedro, tal como se le había anunciado, negó por tres veces a Jesús. Pero, cuando dijo: daré mi vida por ti, dijo lo que le pedía el corazón. Pedro es transparente, no engaña a nadie. Es débil y cobarde, pero, detrás de su pecado, hay un amor ardiente y sincero. Pedro es un pecador enamorado de Jesucristo. Por eso, después de pecar, volvió, llorando, a Él.

Untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Judas lleva doble vida. Miente, y roba. No hay amor en él, sólo cálculo y rabia, mucha rabia. Por eso, después de pecar, en lugar de volver al Señor, huyó para habitar en las tinieblas.

Ninguno de los dos podía seguir a Jesús. Pero sólo a Pedro le dijo me seguirás más tarde. Ahora, sólo María y Juan lo siguen… Y tú, y yo, si somos humildes.

(MSTO)