El Mar de Jesús de Nazaret

21 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

¿Conoces tus cadenas?

Es muy, muy triste… Se encarna el Hijo de Dios para liberar al hombre, atado con las cadenas del pecado, y el hombre le responde: Nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: «Seréis libres»?

Es el famoso «yo no tengo pecados», de siempre. Los hombres arrastran cadenas cada vez más pesadas, mientras ríen y lloran soñándose dueños de sus vidas. Si les ofreces la liberación, no la querrán.

¿Conoces tus cadenas? Sí, sí, ya sé que te confiesas. Y casi siempre te acusas de lo mismo. Esas cadenas las conoces, aunque… ¿De verdad quieres librarte de ellas? Porque confiesas tus pecados con tal rutina, que a veces tengo la impresión de que te aportan seguridad. Es como si tu examen de conciencia fuera una forma de pasar revista a tus pecados de siempre para comprobar que siguen allí. ¡Qué harías, sin ellos! ¡De qué te ibas a confesar, si te faltasen!

Mientras tanto, sigues atado por pecados como hilos de seda que nunca has querido confesar ni reconocer. Si tu familia o tu confesor te insinúan su presencia, te revuelves interiormente contra ellos. ¡No te comprenden!

¡Anda! ¿Quieres, de verdad, ser libre? Entonces, examínate bien. Y confiésate bien.

(TC05X)