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16 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

Con tus ojos abriste un camino

Cuando te atacan, sólo puedes mirar en dos direcciones: o miras a quien te ataca, y te enfrentas con él, o miras en dirección contraria, y sales corriendo. Y esta norma es válida también en caso de ataque «moral». Si fulano habla mal de ti, puedes ocuparte de él y difamarlo, o puedes prescindir de él, y hacer como que no has oído nada.

Los judíos trataban de matarlo. La grandeza de Jesús consiste en haber abierto un camino nuevo ante las insidias de los hombres. Por ese camino han transitado santos y mártires. Ante quienes lo crucificaron, Jesús no miró a un lado ni a otro. Ni se defendió de ellos, como hubiera querido Simón Pedro, ni huyó de ellos, como le sugirió el mal ladrón.

El Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado. Mientras lo crucificaban, Jesús miraba al cielo, hacia su Padre. Y, con su mirada, imploraba el perdón para sus verdugos.

Haz tú lo mismo. Ni te defiendas de los hombres, ni huyas de ellos. Ofrece por ellos, unido a Cristo, tu vida a Dios. Y así los redimirás.

(TC04V)