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14 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

Perder para ganar

Para ellos, Jesús blasfemaba: llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Esta forma de hablar del Señor encolerizaba a los judíos, pero su propia cólera les impidió percibir que aquella paternidad estaba envuelta en tinieblas y rodeada de misterio.

En Getsemaní: ¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz (Mc 14, 36) … Pero el Padre, aparentemente, guardará silencio, y Jesús tendrá que beber el cáliz.

Subido a la Cruz: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 44). Pero las tinieblas cubrirán la tierra, y el cuerpo de Cristo yacerá en un sepulcro.

¡Qué misteriosa paternidad! El Padre ve sufrir y morir al Hijo, pero permite y calla. ¡Para que tú te quejes cuando Dios permite el sufrimiento en tu vida!

Y, sin embargo… Viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz. ¿Cómo la oirían, si el Hijo no hubiera reposado en un sepulcro?

El Padre ha confiado al Hijo todo el juicio. El juzgado, finalmente, será juez. Cuando parece que Dios pierde partidas, es que está preparando su victoria.

También es Padre tuyo. Llénate de esperanza. Y aprende a perder, cuando Dios lo permita, para ganar.

(TC04X)