El Mar de Jesús de Nazaret

13 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

Los que no tienen a nadie

Desde luego, la piscina de Betesda no era una piscina municipal, de ésas en las que la gente pasa al vestuario, se enfunda el bañador, y, tras hacerse veinte largos, se ducha y sale relajadita.

Allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos… ¡Menudo panorama! Todo un hospital de campaña. Pero nada tan triste, en aquel escenario, como ese hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, postrado en su camilla. Y nada tan desolador como la respuesta que le dio a Jesús cuando el Señor le preguntó si quería sanar: No tengo a nadie

La piscina de Betesda se parece más al mundo que a una piscina olímpica. Porque en el mundo, y en tu bloque de vecinos, y en tu lugar de trabajo, hay multitud de enfermos, cuyas almas languidecen a causa de pecados y soledades. Tienen la iglesia tan cerca de casa como lo estaba la piscina de aquel paralítico. Pero, por su propio pie, jamás se acercarán a buscar el confesonario. Su desgracia es que tampoco ellos tienen a nadie que se preocupe por sus almas y los acerque al sacramento del Perdón.

Mira a tu alrededor… Te tienen a ti. ¿Te has interesado por ellos?

(TC04M)