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11 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

La mirada de fe

«Creo en Dios, Padre todopoderoso… y la vida eterna. Amén». Ya está. Decimos «Amén», y suponemos que creemos.

Pero la fe, en el evangelio de san Juan, significa mucho más que recitar el Credo, incluso con convicción.

Así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna… El que cree en Él, no es juzgado.

Creer, en san Juan, se parece más a mirar que a recitar. Igual que los hebreos quedaban sanos al mirar la serpiente de bronce que Moisés levantó, el cristiano es redimido al mirar a la Cruz.

No basta cualquier mirada; a Jesús crucificado lo miraron muchos que no fueron redimidos, porque lo miraron con desprecio y afán de burla.

La mirada de fe es la del buen ladrón: una mirada amorosa en la que el hombre reconoce a Dios en Cristo y le entrega su vida entera con los ojos, de forma que ya no se pertenece; es todo suyo, y por eso no puede ser juzgado. Más bien, reinará con Él.

Faltan dos semanas para el domingo de Ramos. Clava tu mirada en el Crucifijo, y no la retires por nada de este mundo.

(TCB04)