El Mar de Jesús de Nazaret

10 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

¡Qué bucle tan siniestro!

Conocemos la parábola: Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. No es preciso que la copie entera. Pero me atreveré a hacerte una pregunta: ¿A quién de los dos te pareces más: al fariseo que oraba diciendo: ¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; o al publicano que, desde el fondo del templo, lloraba: ¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador?

Procura ser sincero en tu respuesta. Pero lo cierto es que te he puesto en un aprieto.

Porque si dices que te pareces más al fariseo, y te reconoces soberbio y pretencioso, con tu respuesta has demostrado que te pareces, más bien, al publicano, quien se reconocía pecador. Y si dices que estás más cerca de la humildad del publicano, tu respuesta es, más bien, digna de aquel fariseo que presumía de virtudes… Todo un bucle.

Rompamos el bucle, entonces. Prefiero reconocer en mí al fariseo, y de este modo me acercaré, al menos un poco, a la humildad del publicano. Si acaso ya hubiera algo de esa humildad en mí, yo no la vería, porque el realmente humilde raras veces ve su humildad.

(TC03S)