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4 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

Ni hombres, ni palomas

Se equivocan quienes imaginan al Señor empleándose a latigazos contra los mercaderes. Es cierto que Jesús recogió las cuerdas que encontró en el suelo, y con ellas hizo un látigo. Es cierto, también, que empleó la violencia. Pero los latigazos fueron dirigidos al suelo, a las mesas y a las reses, que son espantadas con el azote. En ningún sitio dice que Jesús azotase a los hombres. Los echó a todos del templo, ovejas y bueyes. Y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas.

Aún es más revelador lo que sigue: Y a los que vendían palomas les dijo: «quitad esto de aquí». Cuando llega Jesús a las palomas, se detiene, suelta el látigo, y ordena a los mercaderes que las saquen de allí. ¿Cómo iba a azotar a las palomas quien fue ungido en el Jordán bajo el amparo de una paloma?

No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Purifica el templo de tu alma, tan lleno de pecados que mercadean con la sangre de Cristo. Y emplea la violencia del ayuno y la mortificación. Pero, recuerda: ni hombres ni palomas. Ni dañes a tu salud, ni acalles al Espíritu. Reza.

(TCB03)