El Mar de Jesús de Nazaret

1 marzo, 2018 – Espiritualidad digital

Epulón y tú

epulón¡Qué malos son los ricos! Había un hombre rico que vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Angulas, langostinos, asado de ternera y helado. Lo de vestir de lino es porque la arruga es bella. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas. Pero el rico, que es el malo, lo dejó morir.

Lees la parábola, la emprendes contra el rico, y te distancias; tú no vistes de lino, no te regalas banquetes, y a la puerta de tu casa no aguarda más que el perro. Emprenderla contra el rico te sale gratis.

Pero vas a misa diariamente, rezas el rosario, haces oración ante el Santísimo cada mañana… ¿Te parece poco banquete? Tu alma es revestida con la gracia divina cada vez que confiesas. ¿Te parece poca riqueza? Epulón, a tu lado, era Carpanta.

Junto a tu casa, miles de lázaros llevan el alma desnuda y hecha jirones. Pero jamás te has acercado a ellos para compartir tus riquezas. «No soy quién –dices– para meterme en las creencias ajenas». Los respetos humanos han cerrado las puertas de tu casa, mientras otros mueren de hambre de Dios.

Qué malos son los ricos, ¿verdad?

(TC02J)