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28 febrero, 2018 – Espiritualidad digital

Mientras subimos

No pierdas de vista el comienzo del evangelio de hoy: En aquellos días, subiendo Jesús Jerusalén… Con Él subimos, en estos días, porque son días de ascensión, y la ascensión requiere esfuerzo. Descender por una pendiente es fácil. Subir, sin embargo, es doloroso. Bendito dolor, el de la penitencia, que es amor.

Subimos a Jerusalén, al Gólgota, donde llegaremos el Viernes Santo. Y, durante el ascenso, la Cruz nos sirve de brújula. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Lo beberemos; todos sufrimos. Pero un ladrón, crucificado junto a Jesús, nos hará ver la diferencia entre los dolores del Señor y los nuestros. Él, que nada malo ha hecho, padecerá los pecados de todos los hombres; nosotros apenas sufriremos las consecuencias de nuestras culpas.

Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. ¿Quién podrá soñar con sentarse a su derecha? En el trono de la Cruz, ese lugar estuvo reservado para el buen ladrón; en el del Cielo, para la Virgen. A nosotros, que caminamos con Él, nos bastará con estar cerca, contemplar sus llagas, y prestar más atención a su dolor que al nuestro.

(TC02X)