El Mar de Jesús de Nazaret

25 febrero, 2018 – Espiritualidad digital

Escuchadlo

Hace tres semanas estuve en el Tabor. Ahí sigue, después de dos mil años, majestuoso y divino. Nos atardeció por detrás de las nubes, y el cielo se coloreó de plomo y oro a la vez. Sigue siendo un lugar maravilloso, en el que el aire huele a Cristo.

Se transfiguró delante de ellos. Lo que vieron aquellos apóstoles no podemos verlo nosotros. Apenas lo recordamos en la preciosa iglesia de Barluzzi que corona el monte. Pero, desde que una nube ocultó el rostro de Jesús, esa divina faz está oculta a nuestros ojos.

Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo. Se retiró la voz, y allí quedó la palabra: Escuchadlo. No puedes esquivarla si subes al Tabor. Todo te invita al silencio y al recogimiento interior. Allí, en ese santuario que se esconde en lo profundo del alma, quienes no podemos ver a Cristo lo escuchamos embelesados en medio de la noche.

He vuelto a subir allí. No quiero olvidar que la Cuaresma, en definitiva, se reduce a eso: a acallar los ruidos con el ayuno, a vaciarnos por la limosna, y a escuchar así, en la oración, su Palabra, dejando que ella llene el silencio y el vacío.

(TOB02)