El Mar de Jesús de Nazaret

20 febrero, 2018 – Espiritualidad digital

En el desierto llegó el maná

A menudo entendemos que las palabras danos hoy nuestro pan de cada día van referidas a las necesidades materiales más urgentes. Se nos invita a pedir sustento para el día de hoy, dejando el mañana en manos de Dios, del mismo modo que los hebreos, en el desierto, sólo recogían la ración diaria del maná.

Pero esa petición –la cuarta– de la oración dominical va mucho más allá. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna (Jn 6, 27). Para quienes no concebimos un día de nuestra vida sin recibir la sagrada Comunión, la cuarta petición del Padrenuestro tiene un valor inmenso y una urgencia máxima.

La Eucaristía es el verdadero maná. Quien se limita a recibirla los días festivos no perecerá de hambre, pero tampoco conocerá las delicias que paladea quien la recibe a diario y por puro amor. Si aún no eres de éstos, permíteme que te proponga un ejercicio sencillo: comulga a diario en esta cuaresma. Te aseguro que, si lo haces, ya no podrás dejar de comulgar cada día. Y el mismo alimento que te fortalece en el desierto cuaresmal será también las delicias de tu Pascua.

(TC01M)